En el Kine: Mulholland Drive: autopsia de un sueño americano en descomposición
Hay películas que se interpretan.
Mulholland Drive se desentierra.
Lynch no narra: abre un cadáver emocional y te obliga a mirar cómo la identidad se pudre bajo la luz artificial de Hollywood.
Y tú, espectador latinoamericano, sabes que ese cadáver huele familiar: es el olor del sueño americano cuando deja de ser promesa y se vuelve residuo.
Podemos confirmar lo anterior desde dos frentes:
- El sueño como estructura narrativa y mecanismo de defensa.
- La identidad como multiplicación, fractura y doppelgänger.
Pero desde el humor negro y la lectura política, la película revela algo más brutal:
Mulholland Drive es la historia de una mujer que se desdobla para no aceptar que Hollywood la devoró viva.
1. El sueño: opio emocional para sobrevivir al fracaso
La primera parte es un sueño, sí.
Pero no un sueño bonito: es una prótesis emocional que Diana fabrica para no admitir que su vida es un derrumbe.
En el sueño:
- Ella es talentosa.
- Ella es deseada.
- Ella es buena.
- Ella es Betty.
Y Camilla es Rita: dócil, perdida, dependiente, casi un animalito herido.
Una versión domesticada del objeto de su deseo.
“Ella revivió y recreó… cómo hubiese deseado que las situaciones se hubiesen encaminado.”
El sueño es un corrector ortográfico de la vida.
Pero la vida no se deja corregir.
2. Identidad multiplicada: cuando el yo se rompe para no gritar
También podemos formularlo desde la fenomenología:
“Narraciones polifónicas protagonizadas por un sujeto múltiple.”
Betty y Diana no son dos mujeres:
son dos estrategias de supervivencia.
Rita y Camilla tampoco son dos:
son dos versiones del mismo fantasma:
la mujer que Diana desea, envidia, odia y quiere destruir.
La identidad aquí no es un espejo:
es un vidrio roto donde cada fragmento corta distinto.
3. Hollywood: fábrica de fantasías, trituradora de mujeres
Tenemos que decirlo sin anestesia:
“Hollywood no es más que una máquina de fantasías.”
Y tú sabes que toda máquina de fantasías necesita carne fresca.
Diana llega con sueños.
Camilla llega con belleza.
Hollywood elige.
Y cuando Hollywood elige, alguien queda fuera del encuadre.
Desde nuestra esquina latinoamericana —donde el éxito hollywoodense es un mito exportado como evangelio— la película es casi un recordatorio político:
- El talento no basta.
- La meritocracia es un chiste cruel.
- El deseo es una moneda que siempre se devalúa.
- El sistema está diseñado para que solo una ascienda.
- Y para que todas las demás se destruyan entre sí.
Diana no fracasa:
es sacrificada.
4. Masculinidad, feminidad y poder: anatomía de un sistema que erotiza la desigualdad
Aquí viene el bisturí:
La masculinidad en Mulholland Drive: poder sin responsabilidad
Los hombres de la película son:
- productores que deciden carreras con un gesto,
- directores que se creen artistas malditos,
- mafiosos que dictan quién será la estrella,
- amantes que usan y descartan.
Son la estructura.
Son el sistema.
Son la maquinaria que mueve el deseo… y lo aplasta.
No necesitan desdoblarse.
No necesitan soñar.
No necesitan sobrevivir.
El poder los sostiene.
La feminidad: deseo, sacrificio y multiplicación
Las mujeres, en cambio, se multiplican:
- Betty/Diana: la soñadora rota.
- Rita/Camilla: la musa inaccesible.
- Las ancianas sonrientes: la promesa falsa.
- La cantante del Club Silencio: la ilusión hecha carne.
La feminidad en Lynch es un territorio de riesgo:
un espacio donde el deseo se vuelve arma y el amor se vuelve sentencia.
El poder: siempre del lado equivocado
La película no lo dice.
Lo muestra.
- Camilla triunfa porque el sistema la desea.
- Diana se destruye porque el sistema la ignora.
- Y ambas son víctimas de un orden que erotiza la desigualdad.
Mulholland Drive es una tragedia femenina en clave surrealista.
5. El Club Silencio: el ritual donde la verdad se revela y el yo se derrumba
“Anagnórisis” y “fase profunda del sueño”.
Tú puedes llamarlo como es:
la escena donde Lynch te quita la venda y te deja ciego.
“No hay banda.”
No hay amor.
No hay éxito.
No hay identidad estable.
Solo hay una caja azul que no abre la trama:
abre la herida.
6. Conclusión: Mulholland Drive como poema trágico del capitalismo emocional
La película es polisémica, sí.
Pero también es política.
Y profundamente cruel.
Es la historia de una mujer que soñó demasiado fuerte en un sistema que no perdona a quienes sueñan sin permiso.
Es un poema sobre el deseo que se vuelve cuchillo.
Sobre la identidad que se multiplica para no morir.
Sobre Hollywood como un altar donde las mujeres son ofrenda.
Y sobre el monstruo detrás del basurero, que no es un monstruo:
es la verdad.









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