La Nueva Escuela Mexicana sin Arriaga: el proyecto que se queda sin su arquitecto visible
Hay momentos en la política mexicana que no requieren estridencia para ser significativos. La reciente destitución de Max Arriaga, hasta hace unos días director de Materiales Educativos, es uno de ellos. No hubo ruptura pública, no hubo discurso dramático, no hubo confesiones de derrota. Pero sí hubo un movimiento que reacomoda el tablero educativo y abre preguntas sobre el rumbo de la Nueva Escuela Mexicana (NEM), ese proyecto que nació con ambición transformadora y terminó convertido en un campo de disputa simbólica.
Un proyecto que quiso ser refundación
La NEM se presentó como una relectura profunda del sentido de la educación pública: menos tecnocracia, más comunidad; menos estandarización, más justicia social; menos obsesión por las competencias, más énfasis en lo colectivo. En el papel, era una apuesta por reorientar la escuela hacia un horizonte social más amplio.
Pero la implementación fue otra historia.
Los libros de texto se volvieron un objeto de batalla cultural.
Las resistencias institucionales se multiplicaron.
La narrativa pública se polarizó.
Y en medio de todo, Arriaga se convirtió en el rostro más visible —y más expuesto— del proyecto.
Su salida, por tanto, no es un trámite administrativo. Es un gesto político.
¿Qué simboliza realmente su destitución?
La lectura más inmediata es la del ajuste táctico: cuando un proyecto enfrenta desgaste, se mueve una pieza para despresurizar el ambiente. Pero hay capas más profundas.
1. Un mensaje hacia dentro
La SEP, los sindicatos, los gobiernos estatales y los grupos académicos han tenido tensiones con la NEM. Cambiar al responsable de materiales educativos puede interpretarse como un intento de recomponer relaciones y abrir un nuevo ciclo de negociación.
2. Un intento de proteger el proyecto mayor
Paradójicamente, remover a una figura clave puede ser una forma de preservar la NEM. Al desplazar al rostro más polémico, se busca que el proyecto sobreviva más allá de la coyuntura.
3. Un recordatorio de las tensiones internas
La 4T no es un bloque monolítico. La educación, por su carga ideológica, siempre revela fracturas, prioridades y disputas internas. La salida de Arriaga es un síntoma de esas tensiones, no su resolución.
¿Es un punto de quiebre para la 4T?
Más que un quiebre, parece un momento de inflexión. La 4T ha tenido episodios similares: figuras emblemáticas que salen para recalibrar el rumbo sin alterar el proyecto general. Pero la educación tiene un peso distinto. No es un sector más: es el espacio donde un país imagina su futuro.
Si la NEM se repliega, se matiza o se reconfigura, eso sí podría marcar un cambio más profundo en la narrativa educativa del sexenio.
¿Qué podemos esperar ahora?
Tres escenarios se asoman en el horizonte:
1. Continuidad con ajustes
El más probable.
La NEM se mantiene, pero con:
- revisión de contenidos,
- mayor diálogo con especialistas,
- ajustes operativos,
- un tono menos confrontativo.
2. Repliegue estratégico
Sin desmontar la NEM, se podría reducir su visibilidad, enfatizar aspectos menos polémicos y postergar cambios curriculares profundos.
3. Reorientación del proyecto educativo
Menos probable, pero posible si las tensiones internas aumentan. Implicaría nuevos liderazgos, nuevas prioridades y un modelo más híbrido entre la NEM y enfoques previos.
El fondo del asunto
La salida de Arriaga no resuelve la disputa central: ¿qué tipo de ciudadanía quiere formar México?
Esa pregunta seguirá abierta, porque ningún funcionario —ni siquiera el más visible— puede responderla por sí solo.
Lo que sí queda claro es que la NEM entra en una nueva fase. Y como suele ocurrir en la política mexicana, los cambios más importantes no siempre se anuncian: se leen entre líneas.


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