¿Llegaron todas? El fracaso de la Política Feminista de la 4T

 


¿Llegaron todas?

El fracaso de la Política Feminista de la 4T

Por Víctor M. Barragán

La Cuarta Transformación llegó al poder envuelta en un discurso de ruptura histórica. Desde el primer día, el gobierno de la primera mujer presidenta, aseguró que esta vez sí: que ahora sí llegarían todas. Todas las mujeres, sin excepción. Las indígenas, las rurales, las obreras, las trabajadoras del hogar, las víctimas, las cuidadoras, las jóvenes precarizadas, las que viven en territorios militarizados, las que dependen de instituciones frágiles para sobrevivir. 

La promesa era enorme. Y seductora. Y políticamente útil.

Pero conforme avanzó el sexenio, la distancia entre la promesa y la realidad se volvió imposible de ocultar. La 4T adoptó símbolos feministas —gabinete paritario, discursos de igualdad, mujeres en puestos clave—, pero no construyó una política feminista de Estado. Confundió representación con transformación. Confundió presencia con poder. Confundió narrativa con política pública.

Y mientras el discurso se fortalecía, las instituciones se debilitaban.

Un claro ejemplo de lo anterior, es que el Comité CEDAW, en su revisión más reciente, lo deja claro: México avanzó en leyes, sí, pero falló en lo esencial. Falló en construir políticas públicas robustas, articuladas y sostenidas. Falló en garantizar acceso a la justicia. Falló en prevenir violencias. Falló en cuidados. Falló en participación. Falló en interseccionalidad. Falló en presupuesto. Falló en transparencia. 

Falló, sobre todo, en llegar a quienes más lo necesitaban.

Este ensayo analiza ese fracaso. No desde la estridencia, sino desde la evidencia. No desde la consigna, sino desde la política pública. No desde la narrativa, sino desde las consecuencias.

1.      La política feminista que nunca llegó

Una política feminista de Estado no se construye con discu
rsos ni con nombramientos. Se construye con instituciones fuertes, con presupuesto suficiente, con participación significativa, con datos confiables, con evaluación, con coordinación intergubernamental, con enfoque interseccional. 

Nada de eso ocurrió.

La CEDAW lo dice sin rodeos: México carece de una definición amplia de discriminación que reconozca la discriminación indirecta y las formas múltiples e interseccionales. Sin ese marco conceptual, cualquier política pública nace limitada. Y eso fue exactamente lo que pasó.

La 4T celebró la paridad, pero no construyó las condiciones para que esa paridad se tradujera en poder sustantivo. Celebró la presencia de mujeres, pero no fortaleció las instituciones encargadas de garantizar sus derechos. Celebró la igualdad, pero recortó presupuestos. Celebró la transformación, pero recentralizó decisiones. Celebró la participación, pero descalificó a los movimientos feministas.

La narrativa avanzó. La realidad no.

2.      Violencia: la política que nunca se articuló

La violencia de género es el espejo más brutal del fracaso. 

La CEDAW documenta “respuestas ineficaces e insuficientes”, “recortes presupuestarios” y “retrasos significativos” en mecanismos de emergencia. 

Desde la perspectiva de políticas públicas, esto revela fallas de diseño, capacidades insuficientes, fragmentación intergubernamental y ausencia de evaluación.

La 4T apostó por respuestas penales, no por prevención estructural. 

·         No armonizó la definición de feminicidio. 

·         No fortaleció fiscalías. 

·         No garantizó refugios. 

·         No construyó un sistema nacional articulado. 

·         No generó indicadores de impacto.

La violencia siguió creciendo. 

Y el Estado siguió llegando tarde.

3.      

Cuidados: la política que nunca nació

El Sistema Nacional de Cuidados fue anunciado como una de las grandes transformaciones del sexenio. 

Nunca pasó del anuncio.

·         No hubo ley marco. 

  • ·         No hubo rectoría clara. 
  • ·         No hubo financiamiento multianual. 
  • ·         No hubo coordinación federativa. 
  • ·         No hubo profesionalización. 
  • ·         No hubo datos. 
  • ·         No hubo política.

La CEDAW lo resume con precisión: México debe asignar recursos humanos, técnicos y financieros adecuados. 

No lo hizo.

El resultado es simple: las mujeres siguieron cargando con el trabajo de cuidados, sin reconocimiento, sin redistribución y sin apoyo estatal.

4.      Justicia: fragmentación, discrecionalidad y revictimización

El acceso a la justicia es otro punto crítico. 

La CEDAW advierte fragmentación penal, aplicación inconsistente de protocolos, uso desproporcionado de prisión preventiva oficiosa y barreras para mujeres indígenas y con discapacidad.

Desde la perspectiva de las políticas públicas, esto es un caso clásico de fallas de gobernanza multinivel, capacidades institucionales débiles y diseño contradictorio.

La justicia no llegó. 

Y cuando llegó, llegó tarde, mal o revictimizando.

5.      Institucionalidad: el espejismo de la Secretaría

La elevación de INMUJERES a Secretaría fue presentada como un triunfo histórico. 

Pero la CEDAW advierte “desafíos para la independencia institucional”, “riesgo de reducción de fondos” y “limitaciones en el acceso a información pública”.

En otras palabras: se creó una Secretaría sin autonomía, sin presupuesto suficiente y sin contrapesos. 

  1. ·         Una Secretaría que depende más del ánimo político que de la técnica. 
  2. ·         Una Secretaría que no puede coordinar transversalmente. 
  3. ·         Una Secretaría que no puede exigir, solo sugerir.

La institucionalidad se vistió de feminista, pero no se fortaleció.


6.      ¿Quiénes sí llegaron y quiénes no?

La narrativa oficial dijo que todas. 

La evidencia dice que no.

Sí llegaron:

- Mujeres con capital político. 

- Mujeres cercanas al proyecto presidencial. 

- Mujeres útiles para sostener la narrativa de paridad. 

- Mujeres en cargos sin margen de acción.

No llegaron:

- Mujeres indígenas, afromexicanas y rurales. 

- Mujeres con discapacidad. 

- Mujeres víctimas de violencia. 

- Buscadoras. 

- Mujeres en situación de prostitución. 

- Mujeres migrantes, adolescentes y LBTI. 

- Cuidadoras invisibles.

Las mujeres que más necesitaban al Estado fueron las que menos recibieron.

7.      Consecuencias: lo que sí dejó la 4T

El fracaso no es simbólico. 

Es material. 

Es institucional. 

Es vital.

1. Desigualdades más profundas

Sin cuidados, sin justicia, sin prevención, las brechas se ampliaron.

2. Ruptura con los movimientos feministas

La descalificación debilitó la legitimidad de las políticas.

3. Oportunidades históricas perdidas

La 4T tenía capital político para transformar. 

No lo hizo.

4. Violencias en aumento

La CEDAW documenta violencias perpetradas por actores estatales y no estatales, con impunidad generalizada.

5. Instituciones debilitadas

La recentralización erosionó capacidades estatales.

6. Impactos diferenciados

Las mujeres más vulneradas fueron las más afectadas.

8.      Hacia una política feminista real

Una política feminista real no se construye con discursos. 

Se construye con instituciones, presupuesto, participación y evaluación.

México necesita:

- Instituciones autónomas y con rectoría clara. 

- Un Sistema Nacional de Cuidados con financiamiento multianual. 

- Acceso a la justicia con enfoque interseccional. 

- Presupuesto con perspectiva de género. 

- Participación vinculante de mujeres diversas. 

- Datos confiables y evaluación rigurosa. 

- Prevención estructural de violencias. 

- Transparencia y contrapesos democráticos.

No es una lista de deseos. 

Es una hoja de ruta.


9.      Conclusión

La 4T prometió una política feminista. 

No la construyó.

Prometió que todas llegarían. 

No llegaron.

Llegaron algunas, sí. 

Pero no las que más lo necesitaban. 

No las que viven violencias extremas. 

No las que cargan con cuidados. 

No las que enfrentan desigualdades territoriales. 

No las que dependen de instituciones frágiles. 

No las que buscan a sus desaparecidos. 

No las que el Estado sigue sin ver.

El reto para el futuro es claro: 

Construir una política feminista de Estado, no de coyuntura. 

Una política que transforme estructuras, no que administre símbolos. 

Una política que escuche, no que descalifique. 

Una política que llegue a todas, no solo a unas cuantas.




SOBRE EL AUTOR. - ANALISTA POLÍTICO, ECONÓMICO Y SOCIAL, LIBREPENSADOR, MELÓMANO, CINÉFILO, COMIDISTA, LECTOR EMPEDERNIDO, FAN DE LA F1, DE STEELERS Y DE BLUEJAYS, ESTUDIANTE DE LA FENOMENOLOGÍA DEL RELAJO, TEQUILA, ANIMALISTA Y ACTOR EN POTENCIA.


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