SEND HELP (2026): Sam Raimi vuelve a ensuciarse las manos —y nosotros encantados

 


SEND HELP (2026): Sam Raimi vuelve a ensuciarse las manos —y nosotros encantados

Sam Raimi es uno de esos directores cuya obra funciona como un péndulo: va del artificio industrial al caos artesanal, del blockbuster disciplinado al delirio viscoso que lo hizo célebre. Send Help —o Enviar ayuda, según la traducción más literal— se sitúa justo en ese vaivén. No es su película más redonda, pero sí una donde Raimi recupera algo que Hollywood suele limar: su placer por lo grotesco, lo absurdo y lo físicamente incómodo.

Send Help no pretende ser una obra mayor, sino un recordatorio de que Raimi sigue siendo un autor incluso cuando juega en ligas menores. Y ese recordatorio, aunque imperfecto, es refrescante.


Una isla, dos protagonistas y un director que no sabe estarse quieto

La premisa es mínima: dos personajes atrapados en una isla desierta, obligados a sobrevivir mientras la situación se vuelve cada vez más absurda.
Lo interesante no es la historia —que Raimi trata más como un pretexto que como un motor dramático— sino cómo la filma:

  • Cámara inquieta, juguetona, casi hiperactiva.
  • Humor negro que coquetea con el slapstick.
  • Efectos prácticos que reivindican la textura del asco.
  • Un montaje que abraza el exceso sin pedir disculpas.

Danny Elfman y Bill Pope completan el combo: música que empuja la comedia hacia lo frenético y fotografía que convierte la isla en un escenario tan bello como ridículo.


Raimi, entre la libertad y la autocontención

Raimi pasó de la creatividad salvaje de Evil Dead al clasicismo de A Simple Plan, luego al fenómeno cultural de Spider-Man 2, y finalmente a la domesticación del MCU con Doctor Strange in the Multiverse of Madness.
Send Help aparece como un pequeño desvío, un respiro, un “déjenme jugar un rato”.

No es un regreso triunfal ni un manifiesto autoral, pero sí un recordatorio de que Raimi sigue disfrutando ensuciar la pantalla, y que cuando lo hace, algo en el cine se vuelve más libre.


Lo que funciona

  • El tono híbrido: comedia oscura, aventura absurda y un toque de terror ligero.
  • La energía visual: Raimi vuelve a mover la cámara como si fuera un personaje más.
  • El humor físico: torpezas, fluidos, exageraciones… el viejo Raimi en modo travieso.
  • La química actoral, que sostiene la película incluso cuando el guion se adelgaza.

Lo que no termina de cuajar

  • La historia es tan mínima que a veces parece un sketch estirado.
  • El ritmo oscila entre lo frenético y lo disperso.
  • Algunas ideas visuales se repiten sin mayor desarrollo.
  • El tono puede sentirse demasiado autoconsciente: Raimi homenajeándose a sí mismo.

Veredicto

Send Help no es una obra maestra ni pretende serlo. Es una película pequeña, juguetona, a ratos torpe, pero con una personalidad que se agradece en tiempos de cine pasteurizado.
Si uno entra esperando al Raimi de Spider-Man, saldrá desconcertado.
Si entra buscando al Raimi que disfruta provocar asco, risa y sorpresa en la misma escena, encontrará un regreso modesto pero genuino.

Una película imperfecta, sí, pero viva. Y en Raimi, la vida siempre viene acompañada de un poco de mugre.




Analista político, económico y social… pero también opinólogo de confianza en sobremesas largas.
Librepensador profesional (sin prestaciones).
Melómano que canta en el coche como si ya tuviera Grammy.
Cinéfilo de criterio firme y antojo fácil.
Comidista de vocación y botana estratégica.
Lector empedernido que promete “solo un capítulo más” y miente.
Fan de la F1, de los Steelers y de los Blue Jays, aunque a veces ellos no cooperen.
Estudiante avanzado de la fenomenología del relajo, el tequila y la risa necesaria.
Animalista y actor en potencia, esperando el casting correcto o el remake equivocado.


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