El día después del Mencho
El día después de “El Mencho”
La caída de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, abatido en un operativo de las Fuerzas Armadas en la sierra de Jalisco, marca un punto de inflexión en la narrativa de seguridad del país. No es un hecho menor: se trataba del líder del CJNG, uno de los capos más buscados del mundo, con presencia criminal en múltiples continentes y una capacidad de violencia que durante años desbordó a gobiernos locales y federales.
La operación —coordinada entre Ejército, Guardia Nacional, Fuerza Aérea, Centro Nacional de Inteligencia y Fiscalía General de la República— derivó en bloqueos, incendios y reacciones violentas en al menos cinco estados. Ese estallido inmediato confirma algo que el país ya sabía: la estructura criminal del CJNG no depende de un solo hombre, aunque su figura fuera central.
La presidenta Claudia Sheinbaum llamó a la calma, subrayó la coordinación institucional y reconoció la labor de las Fuerzas Armadas. Su mensaje buscó contener la incertidumbre y reforzar la idea de un Estado que actúa con cohesión y dentro del marco legal.
Hasta aquí, los hechos. Pero lo que importa políticamente es lo que viene.
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A corto plazo: el reacomodo violento
La muerte de un líder de este calibre suele detonar tres dinámicas inmediatas:
- Reacciones de fuerza: ya visibles en los narcobloqueos y ataques registrados en Jalisco, Michoacán, Colima, Tamaulipas y Guanajuato.
- Intentos de sucesión interna: el CJNG no es un bloque monolítico; la disputa por el mando puede fragmentarlo o radicalizarlo.
- Presión territorial: grupos rivales buscarán ocupar espacios dejados por la estructura central del cártel.
El gobierno federal tendrá que sostener presencia militar y de inteligencia durante semanas para evitar que el vacío se traduzca en una espiral de violencia.
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A mediano plazo: la prueba real para la estrategia de seguridad
La operación representa un golpe significativo, pero no necesariamente un cambio estructural. La pregunta política clave es si este hecho se convertirá en:
- Un símbolo de eficacia, capaz de fortalecer la legitimidad de la estrategia federal, o
- Un episodio aislado, absorbido por la resiliencia del crimen organizado.
El reto para la administración de Sheinbaum será demostrar que la captura o abatimiento de líderes no es un fin en sí mismo, sino parte de una estrategia integral que reduzca la capacidad operativa de los cárteles y mejore la seguridad cotidiana. La presidenta ha insistido en la coordinación institucional y en el compromiso con la legalidad; ahora deberá traducir ese discurso en resultados sostenidos.
El país ha visto antes cómo la caída de un capo genera celebraciones breves y consecuencias prolongadas. La diferencia, esta vez, dependerá de la capacidad del Estado para anticipar el reacomodo criminal y evitar que la violencia se disperse.
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Perspectiva política: un triunfo que exige continuidad
Desde una lectura política, este operativo fortalece momentáneamente la narrativa gubernamental de control y coordinación. Pero también coloca a la administración frente a una expectativa mayor: si el Estado pudo localizar y abatir al líder del CJNG, la ciudadanía esperará avances equivalentes en la reducción de homicidios, extorsiones y desapariciones.
El desafío no es solo operativo, sino simbólico: demostrar que el Estado no solo puede golpear a los grandes capos, sino también proteger la vida diaria de millones de personas.
La muerte de “El Mencho” es un hito. Lo que determine su significado histórico será lo que ocurra en los próximos meses.
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