La revelación
El autobús arrancó despacio, levantando una nube de polvo que se quedó suspendida en el aire como si dudara entre subir o caer. Nina se acomodó en el asiento junto a la ventana. Tenía las manos frías, aunque el amanecer ardía sobre las montañas. Real de Catorce se iba haciendo pequeño, pero no desaparecía. Parecía seguirla. Nina respiró hondo. Intentó pensar en Arturo, en su voz, en la forma en que la había mirado la última noche. Pero algo en su pecho no encajaba. Algo vibraba, como si una pieza invisible hubiera cambiado de lugar. Entonces lo vio. Arturo estaba de pie en la entrada del pueblo. Inmóvil. Demasiado inmóvil. La luz del amanecer lo recortaba contra las montañas, pero su sombra… su sombra no caía hacia atrás como debía. Se extendía hacia adelante, hacia el autobús, como si quisiera alcanzarla. Como si supiera exactamente dónde estaba sentada. Nina parpadeó. La sombra se alargó un poco más. El autobús avanzó unos metros. Arturo no se movió. Pero su silue...