En el Kine: Una Batalla tras Otra: la épica masculina que se disfraza de introspección

 


🔥 1. La guerra como coartada estética

Paul Thomas Anderson vuelve a su zona de confort: hombres rotos que se creen profundos porque sufren en silencio. La película se vende como una reflexión sobre la violencia estructural, pero en realidad fetichiza la guerra como un escenario emocional para que el protagonista “crezca”, mientras los cuerpos ajenos —civiles, mujeres, comunidades enteras— funcionan como telón de fondo.

La cámara acaricia la destrucción con una belleza casi obscena, como si la devastación fuera un poema visual y no una violación sistemática de derechos humanos. Es el viejo truco: convertir la tragedia colectiva en terapia individual masculina.


👥 2. El protagonista: otro hombre atormentado que ocupa todo el aire

El héroe —un soldado que encadena conflicto tras conflicto— es presentado como víctima de un sistema bélico que lo supera. Pero la película nunca cuestiona su agencia real.

En vez de problematizar su participación en violencias concretas, lo absuelve con la narrativa del “pobre hombre que no sabía lo que hacía”, un clásico del cine que prefiere la redención masculina a la responsabilidad ética.

La masculinidad tóxica se maquilla como “complejidad psicológica”.


👩‍🦰 3. Las mujeres: sombras, enfermeras emocionales o cadáveres simbólicos

Paul Thomas sigue teniendo un problema serio con los personajes femeninos:

  • Son funcionales, no autónomas.
  • Existen para sanar, advertir o sacrificar algo.
  • Sus historias se evaporan en cuanto dejan de servir al arco del protagonista.

La película intenta incluir una figura femenina fuerte, pero termina reduciéndola a la “voz moral” que acompaña al héroe mientras él decide si sigue matando o se ilumina espiritualmente. Es la versión bélica del “manic pixie moral compass”.


🌍 4. Derechos humanos: una presencia decorativa

La película menciona violaciones a derechos humanos, pero lo hace como quien pone un accesorio para que la trama parezca más seria.

  • No hay análisis estructural.
  • No hay voces de las comunidades afectadas.
  • No hay consecuencias reales para los perpetradores.

El discurso se queda en la superficie, como si bastara con mostrar un par de escenas crudas para “cumplir” con la crítica social. Es un cine que simula conciencia sin asumir responsabilidad.


🎭 5. La estética del sufrimiento masculino

El director filma el dolor del protagonista con una devoción casi religiosa. Cada cicatriz, cada mirada perdida, cada explosión interna es tratada como un acto sublime.

Pero cuando se trata del dolor de las mujeres, de las víctimas civiles, de las comunidades desplazadas, la cámara se vuelve distante, casi indiferente.
La película reproduce la jerarquía clásica del cine patriarcal:

  • El dolor del hombre es arte.
  • El dolor de los demás es contexto.

🏆 6. ¿Por qué ganó el Oscar?

Porque Hollywood ama las historias donde un hombre blanco sufre, se redime y aprende algo que las mujeres y las comunidades vulneradas ya sabían desde el principio.
Porque es una película técnicamente impecable, emocionalmente manipuladora y políticamente cómoda.
Porque sigue alimentando la fantasía de que la guerra es un escenario para la introspección masculina, no una maquinaria que destruye vidas reales.


🎯 7. En resumen

Una Batalla tras Otra es un filme poderoso en forma, pero profundamente conservador en fondo.
Es cine que se cree crítico, pero que no se atreve a desmontar los privilegios que lo sostienen.
Es una obra que habla de violencia sin escuchar a quienes la padecen.
Y es, sobre todo, otra película donde la masculinidad se examina a sí misma sin cuestionarse de verdad.




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