8M: El Estado mexicano y su eterno “ya merito” feminista



Cada 8 de marzo, el Estado mexicano se viste de morado, imprime carteles con tipografías amigables y publica mensajes solemnes sobre “su compromiso con las mujeres”. Y una no sabe si reír, llorar o pedirles que por favor dejen de hacer el ridículo. Porque mientras los discursos oficiales hablan de igualdad sustantiva, la realidad sigue gritando lo contrario: un país donde ser mujer implica caminar con miedo, denunciar en vano y sobrevivir a un sistema que parece diseñado para fallarnos con precisión quirúrgica.

El 8M no es una fiesta, pero el Estado insiste en tratarlo como si fuera el Día de la Primavera. Y ahí está el problema: confunde conmemoración con simulación, derechos con hashtags, políticas públicas con ocurrencias.

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💜 Igualdad sustantiva: el unicornio institucional

El Estado mexicano lleva décadas prometiendo igualdad sustantiva. La menciona en discursos, la presume en informes, la imprime en leyes que luego nadie aplica. La igualdad sustantiva es ese unicornio que todos dicen haber visto, pero que en la práctica no aparece por ningún lado.

Porque igualdad sustantiva no es:

- poner a mujeres en cargos públicos para la foto,  
- inaugurar institutos que no tienen presupuesto,  
- crear protocolos que nadie sigue,  
- ni lanzar campañas donde se pide “respetar a las mujeres” como si la violencia fuera un mal hábito y no un crimen.

Igualdad sustantiva es transformar estructuras, no colorearlas de morado. Y ahí es donde el Estado mexicano se queda corto, chiquito, diminuto.

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🔪 Prevenir, sancionar, erradicar y atender: el mantra que nadie cumple

La Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia dice que el Estado debe prevenir, sancionar, erradicar y atender la violencia. Cuatro verbos. Cuatro. No es física cuántica.

Pero el Estado mexicano parece empeñado en demostrar que puede fallar en cada uno:

Prevenir
¿Prevenir qué? Si ni siquiera reconoce la magnitud del problema sin minimizarlo. La prevención no se logra con talleres improvisados ni con campañas que culpan a las víctimas por “no cuidarse”.

Sancionar
Aquí el Estado se luce: logra que la impunidad sea casi una forma de identidad nacional. Las mujeres denuncian y el sistema responde con burocracia, indiferencia o revictimización. Sancionar, sí, pero a las víctimas por “exageradas”.

Erradicar
¿Cómo erradicar algo que ni siquiera se investiga adecuadamente? ¿Cómo erradicar si cada feminicidio se trata como un caso aislado, como si no existiera un patrón estructural?

Atender
Atender es escuchar, acompañar, proteger. Pero el Estado atiende como quien atiende una llamada que no quiere contestar: rápido, incómodo y con ganas de colgar.

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🟣 El 8M y la coreografía del Estado

Cada año, el Estado mexicano repite la misma coreografía:

1. Valla el Palacio Nacional como si las mujeres fueran el peligro.  
2. Publica mensajes de “sororidad institucional” que nadie pidió.  
3. Se sorprende —¡otra vez!— de que las mujeres marchen enojadas.  
4. Se indigna por los monumentos pintados, pero no por las vidas arrebatadas.  

Es una danza absurda donde el Estado finge que escucha y las mujeres fingen que le creen… hasta que recuerdan que no tienen por qué hacerlo.

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🔥 El feminismo no le debe nada al Estado

El feminismo en México no nació de políticas públicas, sino de la rabia organizada, de la memoria de las que ya no están, de la resistencia cotidiana de quienes sobreviven a un país que les falla todos los días.

El Estado quiere un feminismo dócil, institucional, agradecido. Pero el feminismo real es incómodo, disruptivo, crítico. No pide permiso. No pide perdón. No pide disculpas por existir.

Y cada 8M, esa fuerza colectiva le recuerda al Estado que no basta con discursos: queremos derechos, no simulaciones; justicia, no estadísticas; vida, no minutos de silencio.

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✊ Conclusión: el 8M no es para aplaudir al Estado, sino para exigirle cuentas

El 8M no es un día para que el Estado mexicano presuma lo que “ha avanzado”, sino para que reconozca lo que sigue sin hacer. Es un recordatorio de que la igualdad sustantiva no se decreta: se construye. Y que la violencia contra las mujeres no se combate con campañas, sino con voluntad política real.

Mientras eso no ocurra, el 8M seguirá siendo lo que siempre ha sido:  
una denuncia viva, una rabia colectiva, un reclamo legítimo y una exigencia de derechos humanos que el Estado mexicano aún no está a la altura de garantizar.

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