✦ Derechos Humanos: El silencio también es política: omisiones del Estado mexicano hacia las mujeres LBQ+


I. Introducción: el Estado que presume inclusión mientras administra silencios

En el discurso oficial, la Secretaría de las Mujeres del Gobierno de México se presenta como la institución que, por fin, colocará a “todas” las mujeres en el centro de la política pública. La frase “llegamos todas”, repetida en discursos y documentos, pretende funcionar como un gesto de reparación histórica. Sin embargo, al revisar los informes institucionales —el Primer Informe de Labores 2024–2025 y los informes del Programa Anual de Trabajo (PAT) enero–agosto y enero–septiembre 2025— emerge una realidad incómoda: las mujeres lesbianas, bisexuales, queer y trans no aparecen. No como población objetivo, no como categoría analítica, no como sujeto político.

La omisión no es anecdótica. Es estructural. Y en política pública, lo que no se nombra no existe.

En el Primer Informe de Labores, la Secretaría afirma que trabaja para la “amplia diversidad de mujeres”, pero cuando enumera explícitamente a quiénes incluye, la lista es reveladora:

“las mujeres indígenas y afromexicanas, las mujeres rurales, las mujeres de la diversidad sexual, las mujeres migrantes, las mujeres con discapacidad, las niñas, todas”.
(Primer Informe de Labores 2024–2025, p. 11)

La expresión “mujeres de la diversidad sexual” aparece una sola vez, sin desarrollo conceptual, sin diagnóstico, sin líneas de acción, sin presupuesto, sin indicadores. Es un gesto retórico, no una política pública.

En los informes del PAT, la ausencia es aún más contundente: no existe una sola acción dirigida a mujeres LBQ+. No hay programas, estrategias, capacitaciones, campañas, diagnósticos, ni siquiera menciones a lesbofobia, bifobia o transfobia. La Secretaría no articula ninguna política pública que reconozca las violencias específicas que enfrentan estas mujeres.

La conclusión es inevitable: el Estado mexicano sigue tratando a las mujeres LBQ+ como si fueran prescindibles.


II. El borrado institucional como forma de violencia estructural

Desde una perspectiva feminista y de derechos humanos, la omisión sistemática de un grupo no es un error administrativo: es una forma de violencia estructural. El derecho internacional es claro: la igualdad sustantiva exige reconocer las diferencias, no borrarlas. La no discriminación incluye orientación sexual e identidad de género.

Cuando una institución pública omite a un grupo entero de mujeres, incumple:

  • el principio de igualdad sustantiva,
  • el deber de progresividad,
  • el enfoque interseccional,
  • y el mandato de no discriminación.

La Secretaría de las Mujeres no puede presumir igualdad mientras reproduce el borrado de las mujeres LBQ+. No puede hablar de “todas” cuando decide quién cuenta como mujer y quién no.


III. Feminismo bisexual: la incomodidad de existir fuera de la heterosexualidad obligatoria

Escribir desde una perspectiva bisexual implica reconocer un hecho histórico: la bisexualidad ha sido sistemáticamente borrada tanto por el patriarcado como por ciertos feminismos institucionales. La bisexualidad incomoda porque desestabiliza la heterosexualidad obligatoria, pero también porque cuestiona la idea de que la experiencia de las mujeres es homogénea.

La bisexualidad no encaja en las categorías rígidas del Estado. No es “lo suficientemente heterosexual” para la norma, ni “lo suficientemente lesbiana” para ser reconocida como población específica. Ese limbo político se traduce en políticas públicas que no nombran, no miden y no protegen.

El borrado bisexual no es un accidente: es una estrategia de control simbólico.
Y cuando el Estado no te nombra, te vuelve invisible.
Y cuando te vuelve invisible, te vuelve desechable.


IV. La contradicción política del feminismo estatal: inclusión sin diversidad

La Secretaría de las Mujeres se presenta como la institución que transformará la vida de las mujeres mexicanas. Sin embargo, su feminismo institucional es selectivo. Reconoce desigualdades históricas, pero evita aquellas que cuestionan la heterosexualidad como norma política. Habla de diversidad, pero no la desarrolla. Habla de igualdad, pero no la transversaliza.

La frase “llegamos todas” se convierte, así, en un eslogan vacío.
Un eslogan que excluye a quienes no encajan en la narrativa oficial.
Un eslogan que pretende universalidad mientras administra exclusiones.

Desde una perspectiva crítica, la pregunta es inevitable:
¿qué mujeres llegaron? ¿Y quién decidió quiénes se quedaban afuera?


V. Derechos humanos: la obligación del Estado de nombrar, reconocer y proteger

El marco internacional de derechos humanos establece que los Estados deben:

  • identificar a los grupos en situación de vulnerabilidad,
  • diseñar políticas específicas,
  • asignar presupuesto,
  • generar datos desagregados,
  • y garantizar acceso a la justicia sin discriminación.

Nada de esto ocurre con las mujeres LBQ+ en los documentos revisados.
La Secretaría no produce diagnósticos, no genera indicadores, no asigna recursos, no diseña programas. La omisión es total.

Y en derechos humanos, la omisión también es una forma de violencia.


VI. Conclusión: si el Estado no nombra, la crítica nombra; si el Estado no incluye, la memoria exige

La crítica no es un capricho identitario. Es una exigencia política.
Las mujeres LBQ+ existen, resisten y exigen políticas públicas que no las traten como un apéndice decorativo del discurso feminista estatal.

La Secretaría de las Mujeres puede repetir “llegamos todas”, pero mientras siga borrando a las mujeres LBQ+, esa frase será un monumento a la incongruencia.

Desde una postura bisexual, feminista y de derechos humanos, la exigencia es clara:

También son mujeres.
También tienen derechos.
También merecen políticas públicas.
No que llegaron todas.




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