⚙️ La Inercia de un Bastión: Lecturas sobre el Congreso de Coahuila


​Los resultados preliminares en Coahuila, donde el Partido Revolucionario Institucional (PRI) ha consolidado una mayoría abrumadora en la renovación del congreso local, han desatado, como era previsible, un coro mediático que insiste en categorizar el evento como una «derrota estrepitosa» para el proyecto transformador encabezado por la Presidenta Claudia Sheinbaum. Sin embargo, bajo una mirada que trascienda la superficie del ruido político, los datos invitan a un análisis mucho más sobrio y, sobre todo, situado.

​Es fundamental comprender la naturaleza política de la región: Coahuila, junto a Durango, constituye el último bastión en el que el viejo régimen mantiene un control hegemónico y estructural. En este territorio, la trayectoria histórica ha impedido históricamente el triunfo de fuerzas alternativas tanto en las gubernaturas como en la mayoría de los distritos locales. Interpretar estos resultados como una pérdida súbita de legitimidad nacional es un ejercicio de deshonestidad intelectual que ignora el arraigo del clientelismo en la zona.

​Más allá del resultado numérico, lo que subyace en esta jornada electoral es la diferencia de talante político. Mientras que las fuerzas del pasado recurren a prácticas cuestionables —como las denuncias sobre un presunto esquema de compra masiva de votos mediante códigos QR—, el gobierno federal reafirma su compromiso con la institucionalidad democrática. A diferencia de las épocas de imposición y fraude sistemático que caracterizaron a los gobiernos previos, la actual administración ha demostrado que la democracia electoral implica reconocer tanto victorias como derrotas, confiando en que el respeto absoluto a la voluntad popular —y a las reglas del juego— es el único camino sostenible, aun cuando esas reglas sean explotadas por quienes aún dominan las estructuras locales.

​Por otra parte, el verdadero damnificado de esta jornada, al que el análisis mediático suele pasar por alto, es el Partido Acción Nacional (PAN). Al quedar con una votación marginal que pone en riesgo incluso su registro local, el panismo confirma su irrelevancia actual, consumido por su incapacidad de ofrecer una alternativa real y su propia desintegración frente al bipartidismo que persiste en Coahuila.

​En última instancia, el análisis debe centrarse en lo que esto significa para la sociedad civil. Una democracia funcional requiere espacios de competencia real, no sistemas viciados por la coacción económica del voto. Si bien las elecciones se pueden ganar o perder, el riesgo para los derechos humanos y la perspectiva de género surge cuando los bastiones de poder se mantienen mediante el control, la precarización y el clientelismo, impidiendo que la pluralidad y las demandas de la comunidad LGBTT+ y otros sectores históricamente excluidos encuentren eco en los recintos legislativos. Lo que ocurrió en Coahuila es un recordatorio de que la lucha contra el autoritarismo no se libra únicamente en una jornada electoral, sino en el desmontaje paciente de las estructuras que secuestran la voluntad popular.

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