* Política: La Secretaría de las Mujeres como síntoma: promesa presidencial, aparato minúsculo y fracaso estructural
La Secretaría de las Mujeres como síntoma: promesa presidencial, aparato minúsculo y fracaso estructural
La creación de la Secretaría de las Mujeres fue presentada como uno de los compromisos más visibles del nuevo gobierno. En el discurso, se trataba de un acto de justicia histórica: elevar la agenda de igualdad al rango de política de Estado. En la práctica, sin embargo, la dependencia nació como un organismo pequeño, fragmentado, debilitado y políticamente capturado, incapaz de responder a la magnitud de los problemas que dice atender.
La Secretaría no solo es insuficiente: es el espejo de un proyecto institucional que privilegia el gesto simbólico sobre la transformación real. Su diseño, su operación y su crisis interna revelan un patrón: cuando la política pública se construye desde la improvisación y la lógica partidaria, el resultado es un aparato que existe, pero no funciona.
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1. Un aparato minúsculo para un problema gigantesco
La Secretaría fue creada con una estructura que ronda las 280 personas servidoras públicas, una cifra irrisoria para una dependencia que absorbió funciones antes distribuidas entre dos organismos nacionales. La reducción presupuestal posterior confirma que la prioridad fue discursiva, no material.
La contradicción es evidente:
- Se prometió una institución robusta.
- Se entregó una oficina pequeña, sin músculo técnico ni operativo.
La política pública no se sostiene con voluntad, sino con recursos, personal especializado y continuidad institucional. Nada de eso se garantizó.
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2. Políticas públicas aisladas, inconexas y sin gobernanza
La Secretaría opera como un archipiélago de iniciativas: campañas, programas, subsidios, protocolos, diagnósticos. Todos dispersos, todos inconexos, todos sin un marco de gobernanza que los articule.
La ausencia de una coordinación estratégica convierte la acción pública en una colección de esfuerzos aislados que no inciden en las causas estructurales de la desigualdad ni de la violencia.
El resultado es un organismo que hace muchas cosas, pero no transforma nada.
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3. Dos subsecretarías, dos agendas, cero coordinación
La existencia de dos subsecretarías con perspectivas individuales —y a veces contradictorias— sin mecanismos de articulación técnica revela un problema de diseño institucional. Cada área opera como un feudo, con prioridades propias y sin un proyecto común.
La Secretaría no funciona como institución: funciona como dos oficinas paralelas que compiten por agenda, visibilidad y recursos.
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4. La renuncia de Citlalli Hernández: captura partidaria y vacío de liderazgo
La renuncia de Citlalli Hernández dejó a la Secretaría sin titular. Pero el problema no es la renuncia: es lo que revela.
Durante su gestión, la Secretaría operó como una extensión feminista del partido gobernante, subordinada a intereses políticos más que a criterios técnicos. Tras su salida, el vacío se volvió evidente:
- No hay titular desde entonces.
- No hay claridad sobre el rumbo.
- No hay perfiles que destaquen o, peor aún, hay demasiados sin que ninguno sea idóneo.
Una institución sin liderazgo es una institución sin dirección.
Una institución sin dirección es una institución que no sirve.
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5. Señalamientos, denuncias y crisis de legitimidad
La presencia de titulares o funcionarios vinculados a denuncias por acoso y hostigamiento profundiza la crisis institucional. Una dependencia encargada de garantizar derechos no puede permitirse tener al frente a personas cuestionadas por violaciones a esos mismos derechos.
La falta de protocolos independientes de investigación y la opacidad en los procesos de nombramiento erosionan la confianza pública y envían un mensaje devastador:
la institución que debe proteger no puede proteger ni a su propio personal.
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6. Un origen viciado: violación de derechos laborales en la transición
La Secretaría nació sobre un error político y ético: la desaparición de CONAVIM e INMUJERES sin garantizar los derechos laborales de su personal. Hubo despidos, incertidumbre, precarización y pérdida de capacidades técnicas acumuladas durante años.
La nueva Secretaría no heredó instituciones: heredó ruinas administrativas y un personal desmovilizado por la falta de certeza laboral.
No se construyó una institución: se improvisó un cascarón.
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✦ 7. La industria política de la igualdad: repetir para no transformar
Aquí se integra la versión ampliada y filosófica del punto 5.
La Secretaría de las Mujeres es también un síntoma de un fenómeno más profundo: la industria política de la igualdad, que recicla discursos, estructuras y gestos simbólicos sin alterar las condiciones materiales que producen desigualdad.
7.1. La repetición como política pública
En lugar de innovar, se repiten modelos fallidos.
En lugar de fortalecer capacidades, se reciclan programas.
En lugar de construir instituciones, se renombra lo existente.
La repetición no es torpeza: es estrategia.
Permite cumplir políticamente sin transformar estructuralmente.
7.2. La nostalgia institucional como dispositivo de control
Se promete un “nuevo modelo”, pero se reproduce el viejo.
Se anuncia una “transformación”, pero se mantiene la misma lógica burocrática.
Se habla de “prioridad nacional”, pero se asigna presupuesto marginal.
La nostalgia institucional —la idea de que “ahora sí será diferente”— funciona como mecanismo para evitar el cambio real.
7.3. La estética de la igualdad como sustituto de la política pública
La Secretaría produce campañas, imágenes, discursos, hashtags.
Produce estética, no política.
Produce visibilidad, no impacto.
La igualdad se vuelve un producto comunicacional, no un proyecto de Estado.
7.4. La diversidad simbólica sin redistribución del poder
Se incorporan discursos progresistas, pero no se redistribuye poder.
Se habla de derechos, pero se vulneran derechos laborales.
Se presume diversidad, pero se mantiene la misma jerarquía.
La Secretaría es diversa en el discurso, pero homogénea en la toma de decisiones.
7.5. El síntoma filosófico: incapacidad de imaginar otra institución
La Secretaría revela algo más profundo:
la incapacidad del Estado para imaginar una institución que no repita sus propios fracasos.
No se construyó un nuevo modelo: se replicó el viejo con otro nombre.
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✦ Conclusión
La Secretaría de las Mujeres nació como promesa, pero opera como advertencia.
Es el ejemplo de cómo una institución puede existir sin funcionar, cómo un discurso puede sustituir a una política pública y cómo una agenda histórica puede ser reducida a un gesto simbólico.
Mientras no haya:
- presupuesto real
- liderazgo técnico independiente
- restitución de derechos laborales
- coordinación institucional efectiva
la Secretaría seguirá siendo lo que es hoy:
una institución pequeña para un problema inmenso, un símbolo sin sustancia y un recordatorio de que la igualdad no se decreta: se construye.
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